Imagínese a un ladrón de tiendas que cambia de aspecto cada vez que entra en una tienda. Un día lleva traje, al día siguiente una sudadera con capucha, después un chaleco de alta visibilidad y, más tarde, un chándal. El equipo de seguridad sabe exactamente a quién está buscando, pero cada vez que revisan las imágenes, la persona tiene un aspecto diferente. Ese es el reto al que se enfrentan los equipos de seguridad con el malware polimórfico.

A diferencia del malware tradicional, el malware polimórfico está diseñado para cambiar constantemente su apariencia. Cada nueva versión presenta un aspecto lo suficientemente diferente como para evitar ser detectada por el software antivirus tradicional basado en firmas, al tiempo que lleva a cabo la misma actividad maliciosa. Gracias a la inteligencia artificial, los atacantes están mejorando considerablemente en la creación de estas nuevas versiones de malware, lo que complica aún más la tarea a las organizaciones que dependen de métodos tradicionales de detección de amenazas.

Para muchas empresas, esto da lugar a una suposición peligrosa. A menudo se espera que las herramientas de seguridad reconozcan y bloqueen el malware de forma automática, pero eso resulta mucho más difícil cuando la amenaza se modifica deliberadamente cada vez que aparece.

A medida que los ciberdelincuentes siguen automatizando y perfeccionando estas técnicas, las organizaciones deben replantearse cómo debe ser una defensa eficaz contra el malware.

El malware que nunca se presenta igual dos veces

La mayoría de las personas dan por sentado que el malware se detecta porque las herramientas de seguridad lo reconocen y, en muchos casos, así es como funciona. Los proveedores de seguridad identifican una amenaza, crean una firma para ella y distribuyen actualizaciones que permiten a las herramientas antivirus reconocerla y bloquearla en el futuro. Se trata de un sistema que ha funcionado extremadamente bien durante muchos años.

El malware polimórfico se diseñó para socavar ese enfoque. Este software malicioso modifica su código cada vez que se propaga o se ejecuta. El malware sigue realizando la misma tarea, ya sea robar datos, instalar ransomware o crear una puerta trasera en una red, pero altera constantemente su apariencia para evitar ser detectado.

Para las herramientas de seguridad tradicionales, esto supone un gran problema. Dado que el malware presenta un aspecto diferente cada vez, es posible que no coincida con ninguna firma conocida. Para el software antivirus, cada nueva versión puede parecer una amenaza completamente nueva, aunque forme parte del mismo ataque.

Esto supone un desafío constante para los equipos de seguridad. Para cuando se ha identificado y bloqueado una versión, es posible que ya estén circulando varias variantes más por sus empresas. Los equipos de seguridad pueden verse obligados a hacer frente a lo que parecen ser docenas de amenazas distintas cuando, en realidad, se trata de diferentes versiones del mismo ataque.

Por qué la IA está complicando las cosas

El malware polimórfico no es nada nuevo, pero la inteligencia artificial está ayudando a los atacantes a ampliar su alcance de formas que antes no eran posibles.

Antes, la creación de nuevas variantes de malware requería tiempo y conocimientos técnicos. Hoy en día, los atacantes pueden automatizar gran parte de ese proceso. Las nuevas versiones pueden generarse rápidamente, someterse a pruebas frente a los controles de seguridad y perfeccionarse en función de aquellas que logran eludir la detección.

Esto significa que las organizaciones no solo se enfrentan a una mayor cantidad de malware, sino a un malware que aprende, se adapta y evoluciona a un ritmo mucho más rápido.

Los equipos de seguridad llevan años desarrollando sistemas que identifican amenazas conocidas y patrones sospechosos. En la actualidad, los atacantes utilizan la inteligencia artificial para adaptar constantemente esos patrones, lo que hace que resulte más difícil confiar únicamente en los enfoques tradicionales.

No basta con buscar amenazas conocidas

La mayoría de las organizaciones son conscientes del valor que tiene la seguridad por capas. Utilizan protección de terminales, cortafuegos, filtrado de correo electrónico, controles de acceso y otras muchas tecnologías para reducir el riesgo.

El problema surge cuando las empresas confían excesivamente en la detección de amenazas conocidas y no prestan suficiente atención a la identificación de comportamientos sospechosos.

El malware polimórfico pone de relieve este problema. Si cada versión presenta ligeras diferencias, llega un momento en el que la búsqueda de indicadores conocidos pierde eficacia. Para cuando se ha analizado y bloqueado una versión, es posible que otra ya esté activa en otro lugar.

Esto no significa que el software antivirus haya quedado obsoleto; sigue siendo una parte importante de cualquier estrategia de seguridad. Lo que significa es que las organizaciones deben ir más allá de la idea de que la protección contra el malware consiste únicamente en comparar archivos con una lista de amenazas conocidas.

Hoy en día, una defensa eficaz se basa en comprender cómo es el comportamiento normal y en detectar aquellas actividades que se salen de esos patrones.

Los atacantes se están familiarizando con las reglas del juego

La detección basada en el comportamiento se ha convertido en un elemento importante de la ciberdefensa moderna, ya que se centra en lo que hace el malware, más que en su aspecto.

Si un proceso comienza a cifrar archivos de forma inesperada, accede a sistemas inusuales o muestra un comportamiento sospechoso, las herramientas de seguridad pueden generar una alerta, incluso si el malware no se ha detectado anteriormente.

Lamentablemente, los atacantes también se están adaptando a ese enfoque. El malware moderno es cada vez más eficaz a la hora de camuflarse entre la actividad legítima. Es capaz de retrasar acciones, distribuir la actividad en distintas fases, imitar aplicaciones de confianza y ocultarse dentro de los procesos empresariales habituales. La inteligencia artificial está ayudando a los atacantes a experimentar con estas técnicas más rápido que nunca. Algo así como un ladrón que estudia cómo funciona su sistema de alarma antes de intentar un allanamiento: cuanto mejor comprenden las reglas, más fácil les resulta encontrar formas de eludirlas.

Detrás de muchos ataques de malware se encuentra una decisión humana

Cuando la gente oye la palabra «malware», suele imaginarse ciberataques muy técnicos que tienen lugar entre bastidores; sin embargo, muchas infecciones por malware comienzan con una decisión totalmente corriente tomada durante una ajetreada jornada laboral. Un empleado abre un archivo adjunto que parece legítimo, se descarga un archivo de lo que parece una fuente fiable o recibe una solicitud que le parece lo suficientemente rutinaria como para no despertar sospechas.

Aunque la tecnología que hay detrás del malware moderno sea sofisticada, los atacantes siguen necesitando una vía de acceso a la organización para poder introducirlo en primer lugar. Por eso las personas desempeñan un papel tan importante en la estrategia de ciberseguridad de una empresa.

Los empleados no necesitan comprender cómo se escribe el código del malware ni cómo funcionan los motores de detección. Lo que necesitan es tener la seguridad necesaria para detenerse cuando algo les parezca inusual, cuestionar las solicitudes de trabajo que parezcan fuera de lo habitual y saber dónde comunicar sus inquietudes. Esas pequeñas decisiones marcan la diferencia entre un intento de ataque y una intrusión exitosa.

Por qué es tan importante la formación basada en historias

Uno de los mayores retos a la hora de sensibilizar sobre el malware es que, a menudo, se considera una cuestión técnica. Los empleados oyen términos como «variantes de malware», «actores maliciosos», «firmas» y «detección basada en el comportamiento», y les resulta difícil relacionar esos conceptos con las situaciones a las que podrían enfrentarse.

Ahí es donde cobra valor la formación en concienciación basada en historias. Al mostrar a los empleados cómo el malware puede infiltrarse en una organización a través de situaciones realistas —desde un correo electrónico de phishing convincente hasta una descarga aparentemente inofensiva—, los empleados pueden comprender cómo se presentan estas amenazas y cómo sus decisiones pueden ayudar a prevenirlas.

«Cyber Police» es la serie de sensibilización cibernética con actores reales de MetaCompliance que da vida a las amenazas cibernéticas actuales, como el malware, a través de historias realistas ambientadas en el ámbito laboral. Mediante actores profesionales, personajes con los que es fácil identificarse y ataques dramatizados, muestra cómo se desarrollan los incidentes cibernéticos, cómo se manipula la confianza en las organizaciones y cómo decisiones aparentemente inofensivas pueden brindar oportunidades a los atacantes.

En lugar de formar a los empleados sobre las amenazas desde un punto de vista teórico, la serie les ayuda a comprender cómo se producen los ataques en la práctica, ya que, cuando las personas se ven a sí mismas en una situación determinada, son más propensas a reconocer señales de alerta similares en la vida real.

Creación de una defensa más adaptable

El auge del malware polimórfico refleja una tendencia generalizada en el ámbito de la ciberseguridad. Los atacantes son cada vez más flexibles, están más automatizados y son capaces de cambiar de táctica con rapidez. Las organizaciones deben responder de la misma manera, combinando sólidos controles técnicos de seguridad con inteligencia sobre amenazas, supervisión del comportamiento, planes de respuesta ante incidentes y una sensibilización eficaz de los empleados.

No existe ninguna herramienta que pueda detener todas las amenazas, sobre todo cuando estas están diseñadas para evolucionar; sin embargo, las organizaciones que tienen más posibilidades de responder de forma eficaz son aquellas que se centran en la resiliencia más que en la perfección. Son conscientes de que se producirán ataques y surgirán nuevas técnicas de amenaza, y su objetivo es identificar cualquier actividad sospechosa lo antes posible para responder de forma eficaz y limitar el impacto en caso de que alguna amenaza logre colarse.

La amenaza seguirá cambiando

El malware polimórfico no tiene éxito por ser invisible, sino por su capacidad de adaptación. Cada vez que los defensores aprenden a reconocer una versión, aparece otra ligeramente diferente. La tecnología que subyace a estos ataques seguirá evolucionando, sobre todo ahora que la inteligencia artificial facilita a los ciberdelincuentes la automatización y el perfeccionamiento de sus tácticas.

Por eso, la ciberseguridad ya no se centra tanto en identificar amenazas concretas como en desarrollar la capacidad de detectar y responder ante actividades inusuales, independientemente de dónde se produzcan.

Cuando la amenaza cambia constantemente de forma, quedarse quieto no es una opción.

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«Cyber Police» utiliza el formato dramático para dar vida a amenazas cibernéticas reales, lo que fomenta el diálogo y cuestiona las ideas preconcebidas. Cada temporada aborda los ataques a los que los empleados son más propensos a enfrentarse, desde el phishing y el ransomware hasta los deepfakes, y los recrea en forma de episodios apasionantes. Al ver las amenazas desde la perspectiva de quienes las sufren, los empleados adquieren una mayor conciencia y la confianza necesaria para responder de manera eficaz.

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