Todas las organizaciones cuentan con una. Esa unidad compartida que lleva años en funcionamiento, repleta de carpetas de proyectos, hojas de cálculo, notas de reuniones, contratos y documentos que se han ido acumulando poco a poco con el paso del tiempo. La gente sabe más o menos dónde se encuentran las cosas, se añaden nuevas carpetas cada vez que se inicia un proyecto y todos siguen con su trabajo sin prestarle mucha atención.

Precisamente por eso las unidades compartidas pueden convertirse en un riesgo de seguridad tan pasado por alto. Su finalidad es facilitar la colaboración y, en general, cumplen perfectamente esa función. El problema es que, a medida que las organizaciones crecen y cambian, las unidades compartidas rara vez se mantienen tan organizadas como antes. Se añaden permisos para facilitar el trabajo de los empleados, se comparten carpetas entre departamentos, se concede acceso temporal a los colaboradores externos y los nuevos equipos heredan archivos de proyectos anteriores.
Meses o años después, son muy pocas las personas que tienen una visión completa de quién puede acceder a qué.
¿Qué es una superficie de ataque oculta?
Cuando los profesionales de la seguridad hablan de «superficie de ataque», se refieren a todas las vías posibles que un ciberatacante podría utilizar para acceder a los sistemas o a información confidencial.
La mayoría de las personas piensan inmediatamente en los correos electrónicos de phishing, el software vulnerable, los servicios en la nube o las contraseñas robadas. Todos estos aspectos son importantes, pero solo constituyen una parte del panorama general.
Las unidades compartidas crean otro tipo de superficie de ataque que resulta mucho más fácil pasar por alto.
Cada carpeta, cada documento y cada permiso supone una nueva oportunidad para un atacante si este logra comprometer una cuenta que ya dispone de permiso para consultar dichos recursos. Una vez que se ha infiltrado en la organización, no tiene que sortear cada control de seguridad por separado. En su lugar, hereda todo el acceso del que ya dispone ese empleado.
Por eso las cuentas comprometidas siguen representando un riesgo tan importante. El informe de IBM sobre el coste de una filtración de datos reveló que las credenciales robadas o comprometidas constituían el vector de ataque inicial más habitual a nivel mundial, representando el 16 % de las filtraciones, y que, además, esos incidentes eran los que más tiempo tardaban en identificarse y contenerse.
Si los permisos se han ido ampliando progresivamente con el paso del tiempo, esto puede permitir a los atacantes acceder a mucha más información de la prevista.
Cómo las unidades compartidas se convierten en riesgos de seguridad
Las unidades compartidas no dejan de ser seguras de la noche a la mañana; el riesgo suele ir aumentando poco a poco a raíz de cientos de decisiones perfectamente razonables.
Las empresas evolucionan constantemente. Se incorporan nuevos empleados, se fusionan equipos, los colaboradores externos necesitan acceso temporal, se crean y archivan proyectos, y las personas pasan a desempeñar nuevas funciones. Es probable que cada uno de esos cambios implique que alguien conceda acceso a otra carpeta o comparta otro conjunto de archivos para que el trabajo pueda continuar sin contratiempos.
El problema es que es mucho más probable que se conceda el acceso que se retire. Con el paso del tiempo, todas esas pequeñas decisiones empiezan a acumularse. La información que en un principio estaba destinada a un puñado de personas pasa a estar disponible, poco a poco, para docenas más, y los archivos que ya no son necesarios suelen permanecer exactamente donde están.
Nadie se da cuenta porque no parece haber ningún problema. Los empleados siguen pudiendo encontrar la información que necesitan, los proyectos siguen avanzando y la unidad compartida se convierte simplemente en parte de la rutina laboral diaria.
A menudo, las organizaciones no se dan cuenta del alcance que ha tenido la difusión de información confidencial hasta que se produce un incidente de seguridad.
Por qué las unidades compartidas resultan atractivas para los atacantes
Las unidades compartidas suelen contener precisamente la información que los atacantes esperan encontrar una vez que han conseguido acceder a una organización.
Los registros de clientes, los contratos con proveedores, los informes financieros, los documentos de recursos humanos, los organigramas y los planes de carácter comercial sensible ayudan a los ciberdelincuentes a comprender cómo funciona una empresa. Incluso los documentos que, por sí solos, no parecen tener un valor especial pueden revelar detalles útiles sobre los sistemas, los proveedores, los procesos internos o las personas clave.
Esa información les permite formarse una idea mucho más clara de la organización a la que se dirigen. Puede ayudarles a identificar sistemas de gran valor, crear correos electrónicos de phishing más convincentes, suplantar la identidad de compañeros de confianza o prepararse para un ataque mucho mayor en el futuro. Cuanto más tiempo pasen desapercibidos, más información podrán recabar y más fáciles resultarán esos pasos posteriores.
Las decisiones cotidianas tienen consecuencias para la seguridad
Es fácil dar por sentado que se trata de un problema exclusivamente informático, pero la seguridad de las unidades compartidas se ve afectada por las decisiones cotidianas que se toman en toda la organización.
Los empleados guardan los archivos donde les resulta más fácil encontrarlos; los documentos se copian en carpetas compartidas para que los compañeros puedan acceder a ellos rápidamente; y las solicitudes de acceso se aprueban porque alguien necesita la información con urgencia para terminar un trabajo.
Ninguna de estas decisiones es inusual, y desde luego no tienen ninguna intención maliciosa. Son simplemente el tipo de atajos que la gente toma cuando está ocupada e intenta ayudarse mutuamente. Sin embargo, con el tiempo, esas pequeñas decisiones aumentan gradualmente la cantidad de información a la que se puede acceder si un atacante logra comprometer tan solo una cuenta.
Por eso, la seguridad de las unidades compartidas tiene que ver tanto con el comportamiento como con la tecnología.
Hacer visible lo invisible
Uno de los mayores retos que plantean las unidades compartidas es que el riesgo no siempre es evidente.
Los empleados rara vez saben quién más puede ver las carpetas que están utilizando ni comprenden hasta qué punto un documento puede ser accesible una vez que se ha guardado. Desde su punto de vista, simplemente almacenan información para que otras personas puedan trabajar con ella.
Por eso la concienciación en materia de seguridad Es necesario ir más allá de los correos electrónicos de phishing y la seguridad de las contraseñas. Es fundamental que las personas comprendan cómo las decisiones cotidianas afectan al panorama general de seguridad de la organización. Saber dónde debe almacenarse la información confidencial, reflexionar detenidamente antes de conceder acceso y reconocer cuándo ya no es necesario compartir la información son comportamientos que reducen el riesgo de seguridad mucho antes de que un atacante tenga la oportunidad de aprovecharlo.
Poner de manifiesto los riesgos ocultos
Una de las razones por las que resulta difícil explicar estos riesgos es que no siempre se perciben como algo especialmente grave.
El hecho de compartir una carpeta con demasiadas personas no se percibe de inmediato como un incidente de ciberseguridad. Tampoco lo es guardar un documento en una ubicación incorrecta o aprobar una solicitud de acceso sin cuestionarla.
Las consecuencias suelen manifestarse mucho más tarde.
Por eso la Policía Cibernética adopta un enfoque diferente. La serie de vídeos de sensibilización cibernética con actores reales de MetaCompliance utiliza historias realistas del ámbito laboral para mostrar cómo decisiones aparentemente cotidianas pueden brindar oportunidades a los atacantes. Mediante actores profesionales y situaciones dramatizadas, analiza cómo se desarrollan las amenazas cibernéticas actuales, cómo los empleados se ven involucrados en la historia y cómo pequeños gestos, como compartir archivos, pueden tener consecuencias mucho más graves de lo que nadie hubiera imaginado.
Cuando las personas ven cómo se desarrollan estas situaciones en entornos realistas, les resulta mucho más fácil reconocer riesgos similares en su propio entorno laboral.
Cómo reducir su superficie de ataque oculta
Las unidades compartidas siempre desempeñarán un papel importante en la colaboración, y el objetivo de protegerlas no consiste en bloquearlo todo ni en dificultar el acceso a la información.
En cambio, las organizaciones deben asegurarse de que el acceso refleje el funcionamiento actual de la empresa, en lugar de cómo era hace varios años.
Las revisiones periódicas de los permisos, la asignación clara de la responsabilidad sobre la información confidencial, una gestión sensata de los archivos y una buena gobernanza marcan una diferencia significativa. Y, lo que es igualmente importante, los empleados deben comprender por qué existen estos procesos y cómo sus propias decisiones contribuyen a la seguridad general de la organización.
Cuando la tecnología, la gestión y la concienciación funcionan correctamente en conjunto, las unidades compartidas resultan mucho menos atractivas para los atacantes.
La seguridad no se limita a la puerta principal
Muchas organizaciones realizan importantes inversiones para impedir que los atacantes accedan a su red. Esto es fundamental, pero resulta igualmente importante plantearse qué encontraría un atacante si lograra entrar.
Las unidades compartidas suelen contener años de valiosa información empresarial y, sin los controles adecuados, pueden convertirse en una de las mayores superficies de ataque ocultas de la organización.
Las empresas que gestionan este riesgo de forma más eficaz son conscientes de que la ciberseguridad no se limita al perímetro. Se extiende al interior de la organización a través de una buena gobernanza, controles de acceso razonables y empleados que comprenden cómo las decisiones cotidianas contribuyen a proteger la información confidencial.
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Cada temporada aborda los ataques a los que los empleados se enfrentan con mayor frecuencia, desde el phishing y el ransomware hasta los deepfakes, y los recrea en forma de episodios apasionantes.
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Preguntas frecuentes sobre la seguridad de las unidades compartidas
¿Qué es una superficie de ataque oculta?
Por «superficie de ataque oculta» se entiende aquellas partes del entorno informático de una organización que plantean riesgos de seguridad, pero que a menudo pasan desapercibidas. Las unidades compartidas son un buen ejemplo, ya que pueden contener grandes cantidades de información confidencial con permisos de acceso que se han ampliado con el tiempo sin que se haya llevado a cabo una revisión periódica.
¿Por qué las unidades compartidas suponen un riesgo para la ciberseguridad?
Las unidades compartidas están diseñadas para facilitar la colaboración entre usuarios, pero pueden suponer un riesgo si el acceso no se gestionados adecuadamente. A medida que las organizaciones crecen, los empleados cambian de puesto y los proyectos evolucionan, los permisos pueden acumularse con el tiempo, lo que hace que la información confidencial sea accesible para muchas más personas de las previstas inicialmente.
¿Cómo utilizan los atacantes las unidades compartidas una vez que han conseguido el acceso?
Si un atacante logra acceder a la cuenta de un empleado, este suele examinar las unidades compartidas para comprender cómo funciona. Documentos tales como expedientes de clientes, información financiera, contratos con proveedores, organigramas y documentos internos Todos estos procedimientos pueden ayudar a los atacantes a recabar información, desplazarse por la red o planificar nuevos ataques.
¿Qué pueden hacer las organizaciones para reducir los riesgos asociados a las unidades compartidas?
Revisar periódicamente los permisos de acceso, eliminar los accesos innecesarios, asignar claramente la titularidad de la información confidencial y seguir buenas prácticas de gobernanza de datos contribuyen a reducir el riesgo. Y, lo que es igualmente importante, los empleados deben comprender cómo sus decisiones cotidianas —como dónde almacenan los archivos o con quién los comparten— pueden afectar a la seguridad de la organización.
¿De qué manera ayuda Cyber Police a los empleados a comprender riesgos como la seguridad de las unidades compartidas?
Policía Cibernética utiliza historias reales del ámbito laboral para mostrar cómo las acciones cotidianas pueden contribuir a que se produzcan incidentes cibernéticos. A través de episodios dramatizados que abarcan el phishing, el ransomware, las amenazas internas, los deepfakes, los ataques basados en inteligencia artificial y otras amenazas cibernéticas habituales en el ámbito laboral, los empleados comprenden mejor cómo los atacantes se aprovechan del comportamiento humano y por qué es importante adoptar buenos hábitos de seguridad mucho antes de que se produzca un incidente técnico.