El cargo de director de seguridad de la información (CISO) no es, en absoluto, un cargo fácil.
El panorama de amenazas en constante evolución, la transformación digital y el cumplimiento de las normativas y requisitos más recientes pueden suponer importantes retos para los CISO.
La pandemia del coronavirus también ha agravado las preocupaciones en materia de ciberseguridad y ha generado una serie de riesgos totalmente nuevos que exigen una actuación decidida. Los autores de las amenazas no han tardado en sacar partido del brote de COVID-19, lo que ha dado lugar a un aumento masivo de los casos de phishing, ransomware y ciberataques.
Si la ciberseguridad no era una prioridad antes de la pandemia, sin duda lo es ahora, ya que las organizaciones se apresuran a garantizar que se hayan implantado los procesos y las medidas de protección adecuados para defenderse de los ataques. El papel del CISO nunca ha sido tan importante, por lo que no es de extrañar que esta responsabilidad adicional traiga consigo algunas noches de insomnio.
No faltan amenazas que quitan el sueño a los CISO, pero hemos enumerado cuatro de los problemas de seguridad más acuciantes.
Principales preocupaciones en materia de seguridad para los CISO
1. Plantilla distribuida

A medida que la pandemia de COVID-19 se extendía por todo el mundo, millones de empleados se vieron obligados a pasar rápidamente al teletrabajo. Esto generó una serie de nuevos retos de seguridad y puso de manifiesto numerosas vulnerabilidades que los ciberdelincuentes no tardaron en aprovechar.
Los procesos empresariales que se habían diseñado para el entorno seguro de la oficina se llevaban a cabo ahora en entornos domésticos no seguros, con escasos controles de seguridad o sin ellos. Si bien muchas grandes organizaciones pudieron dotar a sus empleados de ordenadores portátiles de la empresa, una gran proporción de los trabajadores accedía a redes corporativas confidenciales desde dispositivos personales no seguros.
Esto brindó a los piratas informáticos numerosas oportunidades para infiltrarse en las redes corporativas, y no tardaron en aprovecharse del miedo y la incertidumbre que rodeaban a la pandemia. Los responsables de seguridad de la información (CISO) han tenido que adaptarse rápidamente para garantizar la continuidad del negocio durante este periodo de crisis.
Se han revisado rápidamente las políticas para hacer frente a los nuevos riesgos, y se han implementado nuevas herramientas y tecnologías, como la autenticación multifactorial (MFA) y las redes privadas virtuales (VPN), con el fin de garantizar la seguridad del acceso remoto. Adaptarse a esta «nueva normalidad» no ha sido en absoluto un proceso fácil y, dado que la mayoría de los empleados siguen trabajando desde casa, los CISO se ven sometidos a una presión cada vez mayor para garantizar que las organizaciones mantengan los controles de seguridad más estrictos.
2. Ransomware

Desde el inicio de la pandemia, se ha producido un aumento a nivel mundial de los ataques de ransomware. Solo en los últimos tres meses, se ha registrado un incremento del 50 % en el número de ataques diarios de ransomware en comparación con el primer semestre del año.
El caos y las perturbaciones provocadas por la pandemia han creado el entorno perfecto para que este tipo de ataques prosperen. Los ciberdelincuentes no han tardado en aprovechar cualquier brecha de seguridad, y los mensajes de phishing relacionados con la COVID-19 han demostrado ser una forma muy eficaz de difundir enlaces maliciosos.
En marzo de este año, Google registró más de 18 millones de correos electrónicos con malware y de phishing en su servicio cada día. Entre los señuelos de ransomware más eficaces se han encontrado información sobre vacunas, actualizaciones críticas, ayudas económicas durante el confinamiento y descargas gratuitas para videoconferencias y audioconferencias. Estos correos electrónicos de phishing, cuidadosamente elaborados, han permitido a los atacantes infiltrarse en las redes, cifrar archivos y exigir un rescate a las organizaciones.
Se han producido ataques contra organizaciones de todos los tamaños y de todos los sectores, pero los tres sectores que se han visto especialmente afectados han sido los servicios profesionales, la sanidad y la tecnología.
Para proteger los datos y sistemas críticos, los responsables de seguridad de la información (CISO) han tenido que mantenerse alerta ante este tipo de ataques y garantizar que los sistemas operativos y las aplicaciones estén actualizados. Asimismo, se ha prestado mayor atención a la formación en materia de concienciación sobre seguridad, ya que las organizaciones reconocen la importancia de informar a los empleados sobre las amenazas en constante evolución y de mejorar los hábitos generales en materia de seguridad.
3. Filtraciones de datos

Tras meses dedicados a apagar incendios, lo último que necesita ahora cualquier organización es una filtración de datos. Sin embargo, la amenaza de que esto ocurra es muy real. Desde principios de año se han producido nada menos que 726 millones de ciberataques, que han dejado al descubierto la asombrosa cifra de 16 000 millones de registros.
Las repercusiones de una filtración de datos pueden acarrear consecuencias de gran alcance para una empresa, entre las que se incluyen: una caída del precio de las acciones, la pérdida de clientes, sanciones económicas y un deterioro de la reputación. Esto podría suponer la sentencia de muerte para cualquier organización que ya haya pasado los últimos nueve meses luchando por mantenerse estable y operativa durante la crisis.
Esta preocupación quedó reflejada en un informe reciente elaborado por Forcepoint. La empresa encuestó a 200 directores de seguridad de la información (CISO) y directores generales (CEO) de diversos sectores para conocer sus prioridades en materia de ciberseguridad y sus planes de futuro. El 76 % de los directivos afirmó estar preocupado por la posibilidad de que su organización se convirtiera en la próxima víctima de una filtración de datos que acaparara los titulares.
Para evitar que esto suceda, los CISO deberán desarrollar una estrategia de seguridad sólida y exhaustiva que proteja los datos confidenciales, reduzca las amenazas y garantice que la reputación de su organización se mantenga intacta.
4. Ataques a la cadena de suministro

Los ciberdelincuentes han modificado sus estrategias y, en lugar de atacar directamente a una empresa, intentarán causar daños aprovechando las vulnerabilidades de su red de cadena de suministro.
La transformación digital ha dado lugar a la aparición de nuevos modelos de servicio, y la red de suministro de una empresa puede estar compuesta por numerosos terceros diferentes, entre los que se incluyen: fabricantes, proveedores, operadores y distribuidores.
Este modelo ha generado numerosas brechas de seguridad que se están aprovechando activamente durante la pandemia. La superposición de tecnologías antiguas y nuevas, a menudo procedentes de diversos proveedores con distintos niveles de seguridad, ha permitido a los ciberdelincuentes comprometer la seguridad de cientos de organizaciones al mismo tiempo.
Los responsables de seguridad de la información (CISO) deberán evaluar el riesgo que plantean estos proveedores y asegurarse de que cumplen con la normativa de ciberseguridad pertinente, con el fin de reducir cualquier riesgo para su organización.